¿cuál es el número de línea libre de la charla?

El enfrentamiento entre PSOE y Podemos se recrudece alimentado por el Grupo Prisa. El País recogió el guante en un duro editorial. Pablo Iglesias tachó de "basura" este escrito e insistió en que Prisa tiene "atado" al PSOE. Íñigo Errejón acusó a los socialistas de "sobreactuación".

2016.10.21 11:13 EDUARDOMOLINA El enfrentamiento entre PSOE y Podemos se recrudece alimentado por el Grupo Prisa. El País recogió el guante en un duro editorial. Pablo Iglesias tachó de "basura" este escrito e insistió en que Prisa tiene "atado" al PSOE. Íñigo Errejón acusó a los socialistas de "sobreactuación".

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/10/21/el_enfrentamiento_entre_podemos_psoe_recrudece_con_grupo_prisa_como_actor_invitado_56495_1012.html
"La guerra entre el PSOE y Podemos ha alcanzado un nuevo estadio estos días a raíz de las protestas que tuvieron lugar el miércoles en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) contra el expresidente Felipe González y el presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián. Después de que el número dos de la gestora que dirige el PSOE, Mario Jiménez, acusara al partido morado de estar detrás de los altercados que provocaron la cancelación de la conferencia de ambos dirigentes, El País publicó este jueves un durísimo editorial contra Podemos que su líder, Pablo Iglesias, tachó de "basura", en lo que supone una nueva vuelta de tuerca en la mala relación que mantienen desde hace meses los dos partidos principales de la izquierda, agudizada tras la dimisión del ex secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.
El entendimiento entre Podemos y los socialistas lleva meses enquistado. Durante la anterior legislatura, en el PSOE no sentaron nada bien las formas de Iglesias a la hora de negociar la formación de un Gobierno liderado por Sánchez, y los socialistas criticaron reiteradamente que Podemos se negase a apoyar su pacto con Ciudadanos. El partido morado, por su parte, denunció que el PSOE había pactado con la derecha y que trataba de "subalternizar" a Podemos, y además Iglesias pronunció durante el debate de investidura de Sánchez unas palabras que han resonado durante meses y que son, quizás, las que mejor representan el nivel de enfrentamiento entre ambas formaciones: "cal viva".
Las palabras de Iglesias hacían referencia al asesinato de José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala por parte de los GAL, organización terrorista montada por los aparatos del Estado y por cuyos atentados fueron condenados varios cargos de los Gobiernos de Felipe González. La mención levantó una enorme polvareda y supuso un punto de inflexión en la relación entre Podemos y el PSOE, que ha ido a peor durante la última legislatura y que ha tenido como actor desde hace meses a los medios del Grupo Prisa, que han mantenido una línea editorial muy crítica con el partido morado y sus dirigentes.
No obstante, durante las últimas semanas las hostilidades a tres bandas no han hecho más que recrudecerse a raíz de la profunda crisis en el PSOE, que se cerró con la dimisión forzosa de Sánchez como secretario general del partido entre duras acusaciones en varios editoriales de El País, que llegó a calificar al dirigente de "insensato sin escrúpulos". El activo papel del Grupo Prisa durante la crisis socialista provocó que incluso históricos de la formación, como Josep Borrell, criticaran su actitud y aseguraran que les provocaba "pena". "Que yo sepa Prisa no puede cesar al secretario general del PSOE", declaró Borrell en la principal emisora del grupo. Unas denuncias a las que se unió Iglesias, que en las últimas semanas ha intensificado sus críticas contra el conglomerado mediático y se ha centrado especialmente en la figura de Juan Luis Cebrián.
Podemos y el 23F
Por ello, el episodio de este miércoles, en el que un grupo de estudiantes impidieron a Cebrián y González impartir una conferencia en la UAM, se produjo en un ambiente ya muy caldeado entre Podemos, por un lado, y el Grupo Prisa y los nuevos dirigentes del PSOE, por otro. La polémica estalló cuando Mario Jiménez acusó a Iglesias de estar detrás de lo ocurrido, al achacar los altercados al hecho de que "un político irresponsable hace acusaciones y una serie de violentos reproducen eso de manera violenta". Según Jiménez, la protesta no se hubiera producido "si alguien no hubiera señalado" a Felipe González, "concretamente el señor Pablo Iglesias".
Varios dirigentes de Podemos, incluido el propio secretario general, se defendieron durante el miércoles de esas acusaciones y se desvincularon de la acción, y de hecho el número dos del partido, Íñigo Errejón, calificó de "sinvergonzonería" que el PSOE culpase a Podemos de las protestas. Pero este jueves, El País recogía el guante y cargaba duramente contra la formación en un editorial titulado "A golpes con la libertad". "Todo esto [los altercados del miércoles] no ocurre por azar: es la traducción a hechos del continuo señalamiento que este diario y sus trabajadores vienen sufriendo", denuncia el diario, que señala que "en el hostigamiento que sufrieron ayer un expresidente del Gobierno democrático de España y el presidente del Grupo Prisa se reprodujeron milimétricamente los eslóganes y acusaciones" de Iglesias.
"Extraña que los líderes de Podemos, la mayoría de ellos politólogos, y no pocos profesores, sigan sin entender cuáles son las reglas básicas de la democracia y el papel de los medios de comunicación en ella", asegura el editorial, que asegura que Iglesias navega "en los límites de la democracia" por llamar "a sus seguidores a 'liberarse de un poder no electo'", en referencia a El País. "A izquierda o derecha, sean los mentores venezolanos de esta izquierda tan radical como trasnochada como los populistas xenófobos, todos buscan servirse de la democracia para llegar al poder y luego desbordarla y vaciarla de contenido", alerta el diario, que cierra el escrito haciendo una referencia al golpe de Estado del 23F: "Pasionaria, la histórica líder comunista, supo combinar la resistencia al fascismo con la presidencia de la primera sesión de las Cortes democráticas de este régimen que estos líderes tanto desprecian. Su 'no pasarán' es patrimonio de todos los demócratas. No pudieron hacerlo los tricornios, y no lo harán las capuchas".
Un editorial que es "basura", según Iglesias
Las reacciones al texto por parte de Podemos no se hicieron esperar. Uno de los más duros fue Iglesias, que tachó de "basura" el editorial y aseguró que los medios del Grupo Prisa están "haciendo el peor favor a la deontología periodística". "Es muy representativo que el director de El País haya tenido que escribir una carta a los suscriptores pidiéndoles disculpas, creo que va a tener que escribir unas cuantas cartas más", criticó igualmente Iglesias en relación a la información publicada en exclusiva por infoLibre, que informó el miércoles de que el director de El País, Antonio Caño, se dirigió a los suscriptores que se han dado de baja del periódico tras los editoriales contra Sánchez admitiendo haber podido ser "presa de la misma efervescencia" que intentaba combatir. "Admito que, en la pasión de nuestro oficio, el tono empleado en esa labor ha podido a veces no ser el más adecuado", reconocía Caño.
"Mucho más grave que las protestas de ayer [por el miércoles] fueron los despidos de Fernando Berlín o Nacho Escolar, eso sí son ataques a la libertad de expresión", criticó Iglesias en referencia a la decisión de la Cadena Ser de dejar de contar con ambos periodistas como tertulianos en sus programas. Para el líder de Podemos también supone una afrenta a este derecho tratar de "acabar con el secretario general" del PSOE como, a su juicio, ha hecho el Grupo Prisa, a quien lanzó un mensaje: "Me decían el otro día en un editorial que estaba desatado; ellos parece que tienen bastante atado al PSOE, y les aseguro que a nosotros no nos ata ninguna empresa del Ibex 35, ningún medio de comunicación ni el señor Cebrián".
La de Iglesias no fue la única reacción de los dirigentes de Podemos. Errejón acusó al PSOE de "sobreactuación" por su reacción contra el boicot al discurso de Cebrián y González, y aseguró que "evidentemente" Podemos no tiene nada que ver con el mismo. "Yo comparto que todo el mundo tenga derecho a hablar en la universidad y también que todo el mundo pueda manifestarse y protestar", señaló Errejón utilizando el mismo planteamiento que el resto de los altos dirigentes del partido morado. Lo que sucede, sostuvo el número dos de Podemos, es que los socialistas tienen un "cierto interés de sobreactuación y de sacar las cosas de quicio" para ocultar, según él, la "investidura vergonzante que se aproxima", en referencia a la probable abstención del PSOE para dejar gobernar al líder del PP, Mariano Rajoy.
Y es que algunos dirigentes socialistas se apoyaron en los argumentos desglosados en el editorial de El País para cargar contra el partido morado. Uno de ellos fue el ex secretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba, miembro del consejo editorial del diario de Prisa desde el pasado septiembre, que tachó de "fascista" el boicot a la charla de González y Cebrián y denunció que el mensaje de los manifestantes era "sospechosamente idéntico" a la referencia a la cal viva que hizo Iglesias en marzo. No obstante, Rubalcaba admitió "no tener ninguna prueba" de que Podemos tenga algo que ver con la protesta, si bien denunció que el hecho de que su líder pida "volver a la calle y tomar las plazas", a su juicio, "suena a lo que suena".
Sin embargo, no todos los dirigentes socialistas han culpado a Podemos de lo ocurrido en la UAM. La magistrada Margarita Robles, que concurrió como número dos del PSOE en la lista por Madrid en las elecciones de junio, denunció que "no se pueden hacer insinuaciones sin pruebas", y señaló que los únicos culpables de impedir hablar a González y Cebrián –unos hechos que condenó "sin matices"– fueron "quienes estuvieron allí". En términos parecidos se expresaron los diputados Eduardo Madina y Patxi López. "Los responsables de lo que haya pasado en la Autónoma son los que están en la Autónoma. No creo que obedezcan a nada de ningún partido, y con Podemos tengo la mejor de las miradas" en lo que a "comportamiento democrático" se refiere, zanjó Madina, mientras López relacionó la actuación con el "fascismo".
PSOE y Podemos se alejan aún más
El episodio de la UAM es sólo el último reflejo del creciente intercambio de golpes entre el PSOE y Podemos, con el Grupo Prisa de por medio. Y es que el fuerte enfrentamiento se ha producido en un momento en el que ambos partidos están más alejados que nunca. Con la defenestración de Pedro Sánchez se han impuesto en la dirección del PSOE las tesis de los dirigentes más críticos y alejados de Podemos, como la presidenta andaluza, Susana Díaz, mientras que en el partido morado Iglesias está defendiendo en mitad de una fuerte pugna interna que Podemos debe mantener una relación distante y un tono duro contra los socialistas, con la intención declarada de sustituirles como el principal partido de la oposición.
Prisa, por su parte, defiende desde hace meses que el PSOE bascule hacia su derecha y deje gobernar al PP en lugar de buscar un Gobierno con la formación morada y los independentistas, y se considera víctima de una "estrategia de abierta confrontación" y una "campaña de desprestigio" por parte de Iglesias. Sin ir más lejos, este jueves El País publicó una pieza informativa en la que denunciaba que el líder de Podemos "intensifica la campaña contra Prisa como parte de su estrategia política", y lo acusaba de haber "comenzado a alentar un clima de indignación en la calle" contra el diario."
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2016.06.04 03:15 ShaunaDorothy Siguen los feminicidios en Ciudad Juárez - ¡Ninguna ilusión en el estado burgués! ¡Por un partido obrero tribuno del pueblo! (Primavera de 2011)

https://archive.is/Fsjfk
Espartaco No. 33 Primavera de 2011
Mujer y Revolución
Marisela Escobedo inició su activismo tras el asesinato de su hija Rubí Frayre Escobedo, de 16 años de edad, en agosto de 2008. En busca de justicia, llevó a cabo una serie de protestas que resonaron internacionalmente, en especial tras la liberación en mayo pasado de quien confesó haber asesinado a su hija (La Jornada, 6 de julio de 2010). Instalada en protesta frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, Marisela fue asesinada a quemarropa el 16 de diciembre.
Susana Chávez, activista autora de la consigna “Ni una muerta más” que creó en lucha por los derechos de las mujeres y contra los asesinatos en esa ciudad fronteriza, fue violada y después asesinada en enero pasado. La fiscalía estatal insistió en que los culpables de su muerte fueron tres varones menores de edad con quienes bebía, sosteniendo así que su asesinato no tenía nada que ver con su activismo.
No sabemos quién las mató. El hecho es que Susana Chávez y Marisela Escobedo se han sumado a las más de mil víctimas de los horrendos feminicidios que han hecho a Ciudad Juárez tristemente célebre desde los años 90. Desgraciadamente, como escribimos en “Ciudad Juárez: Capitalismo y terror misógino” (Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003), “El simple hecho de buscar algo de justicia le puede convertir a uno en blanco de ataque”.
Militarización y terror estatal
En el contexto de desempleo y desesperación con el TLC y la crisis económica, el narcotráfico ha cobrado una relevancia económica crucial en el país. La horrenda realidad de la narcoviolencia —que se ha sumado a los infames feminicidios— ha proporcionado al presidente Felipe Calderón del derechista Partido Acción Nacional (PAN) un pretexto para fortalecer sistemáticamente el aparato represivo del estado burgués.
Si en algo ha resultado el despliegue del ejército ha sido en un incremento del derramamiento de sangre y la represión intensificada contra la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. La narcoviolencia junto con la “guerra contra el narcotráfico” de Calderón han devorado a miles en el último trienio: en 2008 fueron contados más de mil 500 homicidios, en 2009 fueron más de 2 mil y en 2010 el número se elevó a más de 3 mil personas asesinadas tan sólo en Ciudad Juárez, lo que la ha convertido en una de las ciudades más violentas del planeta.
En la creciente militarización del país y la ola de terror estatal, el derechista PAN ha contado con el firme apoyo de los demás partidos burgueses, prominentemente el PRI y el PRD. Éste último, que a menudo se presenta como “amigo” de explotados y oprimidos, se ha sumado a la campaña de “No más sangre” mientras militariza los estados que gobierna —como Guerrero, donde las fuerzas estatales aterrorizan cotidianamente a la población principalmente campesina y en gran parte indígena—.
¡Ninguna ilusión en el estado burgués!
Nos solidarizamos plenamente con el anhelo de justicia de los familiares de las muertas de Juárez. Pero su desesperación e impotencia es a menudo canalizada hacia una de las más mortales ilusiones: la idea de que con la depuración de las fuerzas estatales y más presencia policiaca los crímenes antimujer terminarán. Así, las protestas contra los feminicidios han estado permeadas por llamados contra la impunidad y por el castigo a los culpables. Pero la solución no es presionar al estado capitalista —una maquinaria de represión sistemática contra los obreros y oprimidos para mantener a la burguesía como clase dominante—. Es necesario entender que el reforzamiento del aparato represivo estatal sólo significará más golpizas y asesinatos de sindicalistas y huelguistas, más feminicidios y mayor narcoviolencia.
Estas ilusiones en el estado son prominentemente impulsadas por la agrupación feminista Pan y Rosas, ligada a la seudotrotskista Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS). Pan y Rosas publica acríticamente en su blog un recuento de La Jornada de la marcha del 15 de enero —convocada por ellos mismos y la LTS, entre otros— en el que se dice que en la protesta se insistió en la exigencia de “remover a las autoridades incompetentes”. Escribe también que “los altos niveles de impunidad son la base de los feminicidios” y lanza el llamado por “¡Destitución, juicio y castigo a los jueces y autoridades implicados en negligencias en casos de feminicidios!” Pero no hace falta ser marxista para saber que, tanto en lo referente al terror misógino como a la narcoviolencia, la intersección entre autoridades estatales y criminales es enorme.
De manera más fundamental, los marxistas genuinos sabemos que el papel del estado burgués —en cuyo núcleo se encuentran el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles— es asegurar el dominio de la burguesía, y una parte clave de este dominio es la subyugación de la mujer. ¡No hay justicia en los tribunales capitalistas!
Reflejando nuestra perspectiva marxista de poner nuestra fe en la fuerza de la clase obrera y de combatir la ideología retrógrada entre los obreros, escribimos en nuestro artículo de 2003:
“Los militantes sindicales más conscientes deben luchar por movilizar el poder social de la clase obrera para combatir la opresión de la mujer, por organizarla en los sindicatos con salarios y derechos iguales a los de los hombres. Deben luchar por servicios médicos gratuitos y de calidad, por el derecho al aborto libre y gratuito, y por organizar destacamentos obreros para defender a las mujeres contra estos ataques. Pero las dirigencias sindicales actuales ni siquiera están interesadas en exigir camiones de transporte de personal —una prestación básica— mientras muchas obreras en Juárez son asesinadas andando por parajes solitarios camino al trabajo o de regreso a su casa. La situación de la mujer obrera es, por sí sola, una muestra de la total bancarrota, del rastrerismo y del machismo de la burocracia sindical”.
¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
El marxismo difiere del feminismo centralmente sobre la cuestión de cuál es la división fundamental de la sociedad. Los feministas sostienen que es hombres vs. mujeres, mientras los marxistas entienden que es de clase, es decir, explotadores vs. explotados. Una mujer obrera tiene más en común con sus colegas hombres que con una patrona, y la emancipación de la mujer es la tarea de la clase obrera en su conjunto. El ingreso de las mujeres al proletariado les abre el camino a la liberación: su ubicación en el centro de producción les da el poder social, junto a sus compañeros hombres, para derrotar el sistema capitalista y sentar las bases para la liberación de la mujer.
La opresión especial de la mujer se origina en la sociedad de clases misma y sólo puede ser arrancada de raíz mediante la destrucción de la propiedad privada de los medios de producción. Una de las ironías de la historia es que la opresión de la mujer está vinculada con uno de los primeros avances sociales: el desarrollo de la tecnología —la agricultura, el trabajo del metal y otros avances revolucionarios— creó la posibilidad de que existiera un excedente social, y una clase dominante ociosa se pudo desarrollar basándose en la apropiación privada de ese excedente, sacando así a la humanidad del igualitarismo primitivo de la Edad de Piedra. La centralidad de la familia se derivó de su papel en la sucesión de la propiedad, que exigía la monogamia sexual de la mujer y su subordinación social. Engels llamó a esto “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
La familia, la principal fuente para la opresión de la mujer en la sociedad de clases, no puede ser abolida, debe ser remplazada por la socialización del cuidado de los niños y el trabajo doméstico. La abundancia material necesaria para desarraigar la sociedad de clases y liberar a la mujer y la juventud de los embrutecedores confines de la institución de la familia requiere los más altos niveles tecnológicos y científicos sobre la base de una sociedad socialista planificada al nivel internacional.
La situación de la mujer en los países capitalistas avanzados, donde ha alcanzado cierta medida de igualdad formal, muestra los límites de libertad y progreso social bajo el capitalismo. En los países de desarrollo capitalista atrasado como México, donde la aguda opresión de la mujer está profundamente enraizada en la “tradición” precapitalista y el oscurantismo religioso, condiciones que son reforzadas por la subyugación imperialista, esta lucha es una fuerza motriz particularmente poderosa para la revolución social. Para desatar el potencial revolucionario de la lucha por la emancipación de la mujer es necesaria la dirección de un partido de vanguardia proletario armado con una visión amplia y nueva de un orden social de igualdad y libertad.
¡Por un partido leninista-trotskista tribuno del pueblo! ¡Romper con el PRD burgués!
Un partido obrero de vanguardia que actúe como tribuno de todos los explotados y oprimidos deberá inscribir muy alto en sus banderas el llamado a la lucha contra la opresión de la mujer —una cuestión estratégica para la revolución socialista—. Los espartaquistas luchamos por la igualdad plena para las mujeres y su total integración a la fuerza de trabajo, por pago igual por trabajo igual. Defendemos las reformas aprobadas en años recientes en la capital que, aunque limitadas, legalizan el aborto durante los primeros tres meses del embarazo, al tiempo que luchamos destacadamente por el derecho democrático elemental al aborto libre —es decir, sin ninguna restricción— y gratuito; defendemos también las reformas que otorgan a los homosexuales el derecho al matrimonio y la adopción y luchamos por plenos derechos democráticos para los homosexuales.
Quienes luchan por los derechos de la mujer y los oprimidos no deben tener ninguna ilusión en el PRD burgués. En el D.F. —una ciudad un tanto más cosmopolita y con cierta tradición laica— el PRD ha impulsado dichas reformas, en tanto que varios de sus diputados en los estados se han sumado a la oleada reaccionaria contra el aborto que ha endurecido las penas contra las mujeres y los médicos que se los practiquen en 18 de los 32 estados del país (ver Espartaco No. 32, otoño de 2010). Lo fundamental es entender que, siendo un partido del capital, el PRD es un enemigo de la genuina emancipación de la mujer, no menos que el PRI y el PAN.
Es necesario que la clase obrera en su conjunto haga suya la lucha por la emancipación de la mujer. Los espartaquistas luchamos por construir un partido obrero revolucionario e internacionalista para poner alto a la explotación del hombre por el hombre, única manera de acabar con la brutal opresión de la mujer.
Feminismo burgués y teorías de la conspiración en torno a las muertas de Juárez
Esclareciendo la historia
(Mujer y Revolución)
Hace doce años, con el breve artículo “Explotación capitalista y terror antimujer” (Espartaco No. 13, otoño-invierno de 1999), el Grupo Espartaquista de México adoptó la posición de que los tristemente célebres asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez eran producto de una campaña orquestada, al escribir que “tiene[n] un tufo terrorista y siniestro, particularmente contra la joven clase obrera”. Cuatro años después, celebramos “el poderoso documental Señorita Extraviada producido por Lourdes Portillo en 2001”, el cual desempeñó un papel importante en la popularización de teorías de la conspiración en torno a Juárez, y citamos acríticamente una opinión de que estos asesinatos mostraban “vestigios de un rito personal” (“Capitalismo y terror misógino”, Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003). En el presente año, la edición anterior de Espartaco (“Siguen los feminicidios en Ciudad Juárez”, No. 33, primavera de 2011) continuó en el mismo tenor, incluso adoptando el término “feminicidio”.
Mediante la discusión y el estudio internos en la LCI, llegamos recientemente a la conclusión de que esta posición era incorrecta y representó una acomodación al liberalismo y el feminismo burgueses y, de hecho, a la Iglesia Católica. El movimiento en torno a las muertas de Juárez —que ha adoptado una cruz rosa como su símbolo—, aglutina a una gran variedad de organizaciones y personalidades liberales y feministas tanto en México como en EE.UU., a agrupaciones religiosas y a la totalidad de la izquierda reformista mexicana. Incluso mediante el empleo de teorías de conspiración que llegan a involucrar todo tipo de “rituales”, la campaña sobre las muertas de Juárez, desde su inicio en los años 90, ha explotado estos asesinatos con el propósito fundamental de fortalecer las fuerzas represivas del estado burgués e impulsar la perspectiva feminista de la opresión de la mujer como algo eliminable dentro del marco del capitalismo mediante reformas y el cambio de actitudes, al tiempo que enaltece a la familia nuclear burguesa, uno de los pilares fundamentales de la opresión de la mujer. Los marxistas revolucionarios entendemos, sin embargo, que la violencia contra la mujer —incluyendo el crimen violento— es inherente al capitalismo. Lejos de las historias amarillistas de asesinatos seriales o una campaña de terror orquestada contra las mujeres, este fenómeno tiene base en problemas sociales mucho más amplios, incluyendo el creciente nivel de violencia criminal y estatal en la región en aproximadamente la última década y media.
El presentar la violencia contra la mujer como la obra de conspiraciones desempeña un papel político importante en la agenda reformista de la campaña contra los “feminicidios” al desviar la atención lejos de la horrenda realidad del sistema capitalista de explotación y opresión. La violencia contra la mujer no se reduce, por cierto, a Ciudad Juárez: de hecho, la tasa (muertes por 100 mil habitantes) de asesinatos de mujeres en la ciudad de Toluca, por ejemplo, casi triplica la de Ciudad Juárez. Por otro lado, la violencia particular contra la mujer se añade a la violencia criminal generada por la pauperización en la franja fronteriza especialmente tras el fin del boom de la maquila a principios de la década pasada y, por supuesto, a la creciente militarización del país. Y, evidentemente, el número de víctimas masculinas de la violencia en general es mucho más alto: 306 mujeres fueron asesinadas de un total de tres mil homicidios en 2010 en Juárez, ahora la ciudad más violenta de México. La “guerra contra el narco” se ha convertido en el factor más importante para el enorme aumento de homicidios; son al menos 50 mil al nivel nacional desde que inició la campaña del gobierno.
Sobre todo, lo que muestran las estadísticas es que los llamados “feminicidios” son más que a menudo cometidos por parientes o conocidos de las víctimas, y no por oscuras mafias involucradas en horrendos rituales. La mayoría de las tres mil 726 mujeres asesinadas en México entre diciembre de 2006 y octubre de 2009 fueron víctimas de violencia doméstica (La Jornada, 16 de noviembre de 2009). Similarmente, la escritora liberal estadounidense Debbie Nathan, quien tiene el mérito de haber analizado críticamente algunas de las afirmaciones fundamentales del movimiento, observó que, en la mayor parte de los 270 casos presentados por Lourdes Portillo en su afamado documental, el victimario había sido un pariente o pareja de la víctima (“Missing the Story” [Extraviando la historia], en The Texas Observer, 30 de agosto de 2002). No hay pues una “oleada de terror”; este tipo de violencia asesina es el reflejo —brutalmente común— de la opresión especial de la mujer que es parte integral del capitalismo.
En el mismo artículo, Nathan observó el beato componente moralista —impregnado de religiosidad— de esta campaña, señalando que el documental de Lourdes Portillo:
“hace eco de los esfuerzos desesperados [de los familiares de las víctimas] por presentar a sus hijas como jóvenes mujeres que merecen justicia, e incluso los amplifica. Es enfurecedor, pero México sigue siendo un lugar en donde los políticos, la policía y la sociedad en general adoran buscar razones por las cuales una mujer joven que sufre violencia sexual es una puta que ‘merecía’ ser violada e incluso asesinada. Las cosas probablemente son aun peores en Juárez, dado su odio particular hacia las prostitutas. El gobernador del estado en los años 90, Francisco Barrio, dijo que las mujeres de la ciudad estaban invitando a que las asesinaran al pasar el rato con las personas equivocadas en bares... las familias son pues reacias a aceptar que sus amadas hijas sí van a cantinas, y muchas sí comunican sexualidad mediante sus ropas. Pero aceptarlo es implicar que la hija de uno es una mujerzuela sin remedio. Es un cruel acertijo que ha forzado a los activistas en Juárez a utilizar una retórica pública según la cual las víctimas son todas inocentes jovencitas feligresas. En todo Juárez, quienes protestan honran la memoria de las mujeres pintando cuadros rosas y crucifijos en los postes. Incluso en el título Señorita Extraviada hay una imagen verbal similar, dado que ‘señorita’ en español significa mujer joven, pero también quiere decir ‘virgen’. El uso de estas representaciones —y la implicación de que el gobierno rapta vírgenes para hacer malévolas películas snuff— hace que la situación parezca horrible, pero al menos fácil de entender y de luchar contra ella. Pero ‘desaparece’ a las casadas, a las que viven en concubinato, a las que tienen muchos hijos, a las mujeres de mediana edad, a las mayores, a las bailarinas exóticas —y, sí, incluso a las prostitutas— cuyos cuerpos también han sido diseminados por todo Juárez por sus amantes, maridos y parientes”.
El estado burgués y el origen de la opresión de la mujer
Los marxistas sabemos que la división fundamental de la sociedad es de clase, es decir, explotados vs. explotadores, y la emancipación de la mujer es la tarea del proletariado en su conjunto. La opresión de la mujer nació de la mano con el surgimiento del estado tras el final de la antigua sociedad de cazadores y recolectores, donde había igualdad entre el hombre y la mujer. La necesaria división del trabajo, basada en el papel que desempeñan las mujeres en la procreación, no conllevaba subordinación alguna basada en el sexo. Pero con el desarrollo de una clase dominante propietaria se hizo necesario contar con un medio seguro para la herencia de propiedad y poder, y eso implicaba la fidelidad forzada de la esposa para determinar la paternidad de los niños. El estado apareció para asegurar la dominación de la clase en el poder mediante la fuerza. Fue así que nació la familia monógama, en la que el matrimonio significaba la subyugación de las mujeres por los hombres. Como explicó Friedrich Engels en su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, “el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente” trajo consigo “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
En la sociedad capitalista, un propósito de la institución de la familia es imponer sobre la clase obrera la carga de criar a la siguiente generación de trabajadores asalariados. La madre es subyugada por el pesado trabajo doméstico y el cuidado y crianza de los jóvenes, los viejos y los enfermos, y se les enseña a los niños a respetar la autoridad. La institución de la familia se debe remplazar mediante servicios socializados en una economía planificada internacionalmente para lograr la liberación de la mujer de manera real. El estado burgués existe para ejercer la represión al servicio de la clase capitalista gobernante mediante las cárceles, los policías, el ejército y los tribunales. El estado no puede reformarse para servir los intereses de los explotados y oprimidos —incluyendo a las mujeres—; tiene que ser destruido mediante la revolución socialista. No hay remedio bajo el sistema capitalista de explotación, ya que la opresión de la mujer es fundamental para su funcionamiento.
Marxismo vs. feminismo burgués
El feminismo es una ideología burguesa que sostiene que la división social fundamental es aquélla entre hombres y mujeres; el problema de los feministas con el status quo de la sociedad capitalista se reduce al porcentaje de los privilegios de las clases altas que les toque a las mujeres. Por ende, cualquier planteamiento sobre las cuestiones que afectan a las mujeres siempre toma como punto de partida el carácter “inviolable” del estado burgués. El movimiento entero en torno a Juárez se ha caracterizado desde un principio por los llamados “contra la impunidad”, a que el estado capitalista se movilice para proteger a las mujeres, a que haga “su trabajo” eficazmente, etc. En efecto, la perspectiva de movilización policiaca masiva y legislación draconiana nominalmente para “proteger” a las mujeres es parte fundamental del ideario feminista. De hecho, uno de los propósitos del término “feminicidio” —popularizado por la reaccionaria feminista burguesa Diana Russell, quien hizo carrera con sus campañas contra la pornografía— es llamar la atención de las autoridades para fortalecer la legislación penal.
La campaña contra los “feminicidios” logró extensión internacional en 2001 con la formación de la Coalition Against Violence (Coalición contra la Violencia) —que incluye a la organización Casa Amiga—, la cual tiene una participación estadounidense considerable. La Coalición llamó por “una fuerza de tarea binacional” para investigar los crímenes. Esto se retomó también en el Caucus Hispano del Congreso estadounidense, donde se impulsó que Fox interviniera al nivel federal. En 2004, Amnistía Internacional publicó un documento que exigía centralmente la “intervención inmediata y decisiva de las autoridades federales para garantizar la justicia en Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua y...que las autoridades federales y municipales cooperen plenamente con estas medidas”.
Al parecer, a las ONGs les convenía señalar al crimen organizado como responsable de los asesinatos. Mediante la Ley Federal contra el Crimen Organizado, pudieron exigir que el gobierno federal panista interviniera (a diferencia del gobierno estatal priísta). A fin de cuentas, recibieron lo que pidieron. Vicente Fox autorizó el despliegue de la Policía Federal Preventiva en Juárez y nombró una comisión especial investigadora. De esta manera, Fox encontró una justificación perfecta para mandar a la PFP a esa región industrial, lo cual antecedió la actual “guerra contra el narco”.
Si bien advertimos correctamente contra las ilusiones mortales en el estado en nuestros artículos, al mismo tiempo afirmamos que “nos solidarizamos plenamente con los reclamos de justicia de los familiares de las víctimas y de organizaciones como las ‘Mujeres de Negro’ y ‘Casa Amiga’” (Espartaco No. 21). Esta última de hecho da charlas de “capacitación” a policías, en tanto que aquélla llamaba en 2002 por una declaración de “estado de emergencia nacional” (es decir, la restricción de derechos y la movilización masiva de las fuerzas armadas) para detener los “feminicidios”. Los trotskistas genuinos no debimos —no podemos— solidarizarnos con tales llamados, que no significan otra cosa que mayor intervención estatal y “profesionalización” policiaca —exigencias que están siendo llevadas a cabo de forma masiva mediante la “guerra contra el narco”—.
La línea que tomamos sobre la campaña de Juárez representó una desviación de nuestra lucha histórica por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista sin concesión alguna al feminismo burgués, y por ende es necesaria esta corrección pública.
(Reproducido de Espartaco No. 34, Otoño de 2011)
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/33/juarez.html
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